Ciudad de Oro

Fotolibro

Gold City es una marca de cigarrillos de contrabando, posiblemente fabricados en India, que según reportes de prensa entra a Costa Rica por la frontera terrestre con Panamá. Al no estar regulada ni pagar impuestos, su precio es mucho menor: entre ₡500 y ₡1.000 por cajetilla. Es un producto accesible, ideal para quienes necesitan fumar más por menos. Claro que sí.

La aparición repetida de esas cajetillas en las aceras por donde camino con mi perro coincidió con el levantamiento de varias torres habitacionales cerca de mi casa. Empecé a conectar los puntos: eran los obreros quienes fumaban Gold City. Y por alguna razón, tiraban las cajetillas a la calle.

No las recogía. Sentía que no me pertenecían. Solo las observaba y las fotografiaba. Y con cada imagen aparecían nuevas preguntas:

¿Qué es una ciudad de oro? ¿Quién la construye? ¿Para quién?

El nombre me obsesionó. Gold City. Suena aspiracional, utópico. Uno de los tantos anhelos humanos: vivir en una ciudad de oro. Pero… ¿qué se esconde detrás de ese deseo?

Este libro no es una denuncia ambiental ni un manifiesto antitabaco. Es una exploración visual sobre el desarrollo, la exclusión y los rastros que deja el progreso. Una ciudad de oro que no es para todos. O tal vez, no es oro.

La edición visual estuvo a cargo del fotógrafo Pablo Cambronero. Los textos los escribió Carlos Andrés Umaña, psicólogo y amigo de muchos años. La impresión fue realizada por 20/20, estudio especializado en risografía. Así se formó una pequeña comunidad creativa a la distancia: imagen, edición, palabra e impresión.

Ciudad de Oro no pretende responder nada. Solo detenerse a mirar.

Los textos del libro:

  1. Gold City. Origen incógnito. Cajetilla metáfora. Representante de un micelio clandestino. De ninguna parte y aquí. Contrabando, consumo. Inhalación que enchufa el deseo de sus fumadores en la red libidinal que soporta sus existencias. Exhalación de una vida que se desvanece, que se consume en un tiempo barato. Ciudad fragmentada en millones de cigarros. Un adentro y un afuera en movimiento perpetuo, un flujo global. 

  2. Una secuencia de ciudades-sueño. Territorios que brotan contra el desgarro vital. 

  3. La República de Platón, 

    Utopía de Tomás Moro, 

    La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella, 

    Nueva Atlántida de Francis Bacon,

    Cristianópolis de Johann Valentin, 

    Matriarcadia de Charlotte Perkins, 

    Walden Dos de B.F. Skinner, 

    Ecotopía de Ernest Callenbach, 

    Arcosanti de Paolo Soleri… 

    y en medio de la sin razón urbana, un jalón de Gold City. 

  4. ¿Dónde está el corazón de San José? ¿Cómo palpita? ¿De qué padece? ¿Cuál es su tiempo? ¿Jadea al respirar? ¿Qué fibra de lo contingente permitió que se difuminara esta ciudad en el humo de estos cigarros? 
    Gold, de raíz indoeuropea "ghel-" representa lo brillante, lo deseable, lo valioso. 

    City, nacida del latín "civitas", evoca un lugar de orden, comunidad y civilización. 

    Gold City, irónica metáfora.

  5. ¿No es toda utopía un llamado a su propia torcedura? De ahí tal vez los millones de muertos en sus nombres. Esa suerte de sacrificio moderno a la idea, a ciertas ideas para ser más precisos. Gold City sintetiza de entrada una utopía torcida. Pero en ese sentido es más sincera. Más desnuda. De su nombre a su consumo se condensa la lenta muerte y el brillo de algo, de cualquier cosa que aún pueda brillar. Una ciudad de oro. 

  6. Dos personajes destacan en el cuento El último fumador, de Yasutaka Tsutsui. Tras ser perseguidos por la doctrina moral antitabaco y escapar de ser incinerados en sus propias casas, dos adictos a la nicotina devienen héroes de la resistencia fumadora. En su proeza de humo y tabaco, mientras Tokyo se achicaba sobre ellos, se encomendaron a extraños dioses “(…) el murciélago de Golden Bat, El dromedario de Camel (…)” Santificados por las cajetillas, renunciaron a entregar la breve y episódica redención de su ritual milenario, esa suerte de práctica meditativa desacralizada, de deseos irreductibles, de creatividades exhaladas, de lamentos inhalados, de ensoñación diurna. 

    Nada de eso entendieron jamás los fascistas del Frente Nacional Antitabaco que acabaron por asesinarlos. 
    Me permito deslizar este fragmento como instrumento de lectura del idioma interior de Gold City. Y de las múltiples líneas y trayectos que de ahí devienen.